Eran poco más de las cinco de la tarde cuando recibía un mensaje que decía que mi amigo Chema había actualizado su estado en facebook: “Un pedazo de artista se nos ha ido”. Algo me oprime el pecho, me corta la respiración. ¿Es Morente?. Mierda, joder, coño, por qué… ahora no, no es el momento, aun no. Todavía no. Hoy no.
Se apagó su luz. Grande Morente. Se nos ha ido el gran maestro. Grande, grande y grande. Siempre grande. El Ronco era un bohemio, uno de los grandes músicos del siglo pasado, un genio, un creador y, sobre todas las cosas, un transgresor. El “Picasso” del cante, como alguien le bautizó. Un artista total. Su inteligencia, sensibilidad e ironía lo hacían inconfundible. Grande Morente. Se nos ha ido el gran maestro. Grande, grande y grande. Siempre grande. Renovó el flamenco, las letras, versionó a los poetas clásicos. A los más jóvenes nos descubrió a Miguel Hernández, San Juan de la Cruz o Lorca y colaboró con grupos de rock. Para siempre nos quedará su “romance en Omega” con los Lagartija Nick, los Planetas o su tema con Amaral. Su arte por derecho, su fina inteligencia, su sensibilidad y afición. Una ironía ferozmente tierna le unían a lo más noble del flamenco. Alejado de fuegos artificiales, buscó siempre el camino más largo, el más complejo, el menos comercial, es más incomprendido. Marcó una era y creó escuela. Sobre el escenario, habitaba en una dimensión misteriosa, se agarraba con la izquierda la chaqueta y con la derecha, abierta con elegancia, mostraba el camino del arte. Grande Morente. Se nos ha ido el gran maestro. Grande, grande y grande. Siempre grande.
Sabiduría y talento, mucho talento. Un genio con una gran personalidad, abierto a todo. Cada disco era distinto. Enrique arriesgaba y se lo jugaba todo cada noche. Cantaor de mucha clase, mucha elegancia. Entrega total. Todavía era joven y le quedaban muchas cosas por hacer. Tantas y tantas. Una pérdida descomunal. Nunca se reconoce verdaderamente a los artistas hasta que no se van. Ahora todos le echaremos flores, diremos que fue un genio, diremos que fue el mejor... y lo diremos los mismos que un día le criticamos por eso mismo, por arriesgar, por hacer lo que hacen los genios, por transgredir. Quedan pocos como él, una especie en extinción, la de los creadores totales. Y, a todo eso, le añadimos que era un ser magnífico y entrañable. Grande Morente. Se nos ha ido el gran maestro. Grande, grande y grande. Siempre grande.
Me despertó cada domingo sonando en mi salón. Cada fin de semana su voz, junto con la de Serrat, Los Ángeles, Sabina o Camarón, me daban los buenos días. Cada domingo mi padre me enseñaba que su música era arte y el arte era su música. Crecí escuchándole, recuerdo su canto y doy gracias a mi padre por haberme regalado la oportunidad de conocerle. Recuerdo los viajes en nuestro seat 131 supermirafiori… con él, como uno más, presente en cada curva. España hoy llora tu pérdida, Ronco. Yo te busco, como el náufrago perdido busca el faro. Mi más sincero abrazo para toda la familia, mi más sincero abrazo para todos los que, como yo, le amamos, mi más sincero abrazo para toda España que hoy, está huérfana de ti. Grande Morente. Se nos ha ido el gran maestro. Grande, grande y grande. Siempre grande.
Lo que no se olvida, no se va.
Lo que no se olvida, no se va.
Lunares.
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