Hundo mi rostro en tus cabellos, y acerco mis labios a aquella zona, aquel paraíso que existe justo al lado, entre tu oreja y tu cuello. Moriría en ese lugar, aspiro tu perfume y mis manos, como pétalos acarician tu hombro, y te susurro. Mis labios siguen jugando a ese juego de besar tu piel centímetro a centímetro, a robar el alma del lugar besado… Mi mano se hace dueña de tu voluntad, y te siento temblar mientras te susurro al oído, que me quiero quedar, que no te voy a dejar, que siempre serás la dueña de mis labios, del dolor que habita en mis ojos. Tu voluntad se hunde, y yo me hundo con ella. Siempre, para siempre. Hoy no tengo que marcharme. Hoy quiero quedarme. Hoy, soy feliz.
Lunares*
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