Los pulmones se quedan pequeños y el corazón te golpea el pecho. Algo no va bien. Algo terrible va a suceder. No sabes lo que es, pero algo va a ocurrir y no puedes evitarlo. Nada puedes hacer para remediarlo. Los pulmones se hacen más pequeños, más y más. El corazón, más grande, más y más. No controlas tu cuerpo. No controlas tu mente. Sientes cada latido, cada bombeo de sangre, escuchas tu respiración. Tratas de llenar tus pulmones de aire, pero no puedes. Lo intentas de nuevo, con más intensidad y es peor, es imposible. Algo te impide tomar aire. El corazón se acelera cada vez más. Necesitas aire, sientes que si lo intentas nuevamente y no puedes, morirás. Ahora lo sabes. No podrás aguantar así mucho tiempo. Minutos, segundos quizás. Los intentos de respiración profundos dan paso a respiraciones cortas continuas, cada vez más, necesitas aire, oxigeno. No puedes respirar. No sabes por qué, pero no puedes. Lo intentas nuevamente. Imposible. Cada vez las respiraciones son más continuas, pero sigues sin conseguir llenar tus pulmones. Sientes tus latidos, cada vez más fuertes, más intensos. El corazón se te va a salir del pecho.
Vas a morir, ahora estás seguro. Sientes que en uno de esos golpes, el corazón te partirá el pecho, te saldrá por la boca. Tus manos tiemblan, empiezas a sudar. No dejas de hacerlo. Los temblores son cada vez mayores. El corazón sigue golpeándote el pecho. Tratas de coger aire. Te estás empezando a marear, sientes como tu cuello es incapaz de sujetar la cabeza, que se vence. Un zumbido en los oídos te retumba. El corazón golpea, quiere salir. Tiemblas, sudas. Tratas de llegar a la cocina para beber agua. Sientes que si no bebes agua, morirás. Lo necesitas. Tu boca está seca, no puedes tragar. Tratas de hablar. No puedes. Te tambaleas. Antes de poder llevarte el vaso a la boca, se te cae y se rompe, el sonido se mete en tu cabeza como si se hubiese roto dentro de ella. Un pinchazo te recorre la cabeza de lado a lado. Sudas, sientes ganas de llorar, de gritar y de correr al mismo tiempo. Pero no puedes hacer ninguna de ellas.
Tiemblas, más y más, las piernas son incapaces de mantener el peso de tu cuerpo, no puedes respirar. Vas a morir. Ahora ya no hay duda. No sabes lo que te está ocurriendo, sólo que vas a morir. Estás solo. Tratas de ir al teléfono para pedir ayuda, pero no puedes, estás mareado, necesitas tumbarte, vas a caer, vas a desmayarte. Te tumbas en el suelo. Tiemblas, te chasquean los dientes, tus puños se han cerrado y tus muñecas están bloqueadas. Tus uñas se clavan en la palma de tu mano. Escuchas el chasquido de tus dientes. Vas a morir, no sabes lo que es, no sabes lo que te está pasando, pero sabes que vas a morir. Estás solo. Perderás el sentido en breve, son los últimos momentos y, de repente eso que siempre te habían dicho que sucedía instantes antes de morir, te ocurre. Ves imágenes de toda tu vida. Pasan muy rápidas. Una tras otra. No se detienen. No hay duda ya, son tus últimos instantes y estás solo. Una debilidad extrema se apodera de ti, estás tumbado y sientes que pese a ello, el cuerpo te pesa. Una extraña sensación te recorre el cuerpo, de irrealidad, no sabes si estás despierto o dormido. Quizás es un sueño. No, no lo es. Sabes que no lo es. Todo se oscurece. Apenas eres capaz de distinguir lo que te rodea.
Empiezas a ver tu cuerpo allí tumbado, tienes la sensación de no estar dentro de él, esa sensación de irrealidad, te asusta, te aterra. Te ves fuera de tu cuerpo. Los temblores hacen que golpees el suelo con violencia, sientes vas a partirte los dientes, aprietas la mandíbula. Miedo, tienes miedo, mucho miedo. Vas a morir. Sientes que el brazo izquierdo no está. La pierna izquierda tampoco. Tienes medio cuerpo paralizado. Sientes que no puedes moverlo. Tratas de hacerlo y no aciertas a distinguir si lo haces o no. Te pellizcas y no sientes nada, o quizás sí, no lo sabes. Parpadeas y percibes que tu parpado izquierdo no se mueve. Lo haces con más fuerza. Sigue sin moverse. Tratas de mover la boca, sentir que todo está bien. No lo sabes. Tienes la cara parcialmente paralizada. Tratas de levantarte y, no sabes cómo, llegas hasta el baño, te miras al espejo y eres incapaz de verte, todos está nublado, borroso, solo quieres comprobar que no está tu cara paralizada, pero no puedes. Sudas, tiemblas, te tocas la cara para ver si has perdido sensibilidad, no lo sabes.
Tu corazón sigue golpeándote, quiere salir, quiere escapar. El cuello te pesa, los brazos también. Un dolor en el vientre te encoge, no puedes moverte, es un pinchazo que te paraliza, que no te permite pestañear, gritas. Vas a morir, lo sabes, La cabeza te empieza a latir, parece que el corazón está dentro de ella, una punzada te atraviesa la cabeza de lado a lado, el estómago sigue doliendo, sudas, tiemblas y el corazón todavía no ha escapado, pero sigue queriendo hacerlo. Un zumbido hace que te tengas que tapar los oídos, da igual, sigue ahí, está dentro de ti. No puedes moverte, estás paralizado, vas a morir. Son los últimos momentos, estas a punto de morir, no puedes hacer nada para evitarlo. Es el momento. Es el adiós. Te desplomas.
Vas a morir, ahora estás seguro. Sientes que en uno de esos golpes, el corazón te partirá el pecho, te saldrá por la boca. Tus manos tiemblan, empiezas a sudar. No dejas de hacerlo. Los temblores son cada vez mayores. El corazón sigue golpeándote el pecho. Tratas de coger aire. Te estás empezando a marear, sientes como tu cuello es incapaz de sujetar la cabeza, que se vence. Un zumbido en los oídos te retumba. El corazón golpea, quiere salir. Tiemblas, sudas. Tratas de llegar a la cocina para beber agua. Sientes que si no bebes agua, morirás. Lo necesitas. Tu boca está seca, no puedes tragar. Tratas de hablar. No puedes. Te tambaleas. Antes de poder llevarte el vaso a la boca, se te cae y se rompe, el sonido se mete en tu cabeza como si se hubiese roto dentro de ella. Un pinchazo te recorre la cabeza de lado a lado. Sudas, sientes ganas de llorar, de gritar y de correr al mismo tiempo. Pero no puedes hacer ninguna de ellas.
Tiemblas, más y más, las piernas son incapaces de mantener el peso de tu cuerpo, no puedes respirar. Vas a morir. Ahora ya no hay duda. No sabes lo que te está ocurriendo, sólo que vas a morir. Estás solo. Tratas de ir al teléfono para pedir ayuda, pero no puedes, estás mareado, necesitas tumbarte, vas a caer, vas a desmayarte. Te tumbas en el suelo. Tiemblas, te chasquean los dientes, tus puños se han cerrado y tus muñecas están bloqueadas. Tus uñas se clavan en la palma de tu mano. Escuchas el chasquido de tus dientes. Vas a morir, no sabes lo que es, no sabes lo que te está pasando, pero sabes que vas a morir. Estás solo. Perderás el sentido en breve, son los últimos momentos y, de repente eso que siempre te habían dicho que sucedía instantes antes de morir, te ocurre. Ves imágenes de toda tu vida. Pasan muy rápidas. Una tras otra. No se detienen. No hay duda ya, son tus últimos instantes y estás solo. Una debilidad extrema se apodera de ti, estás tumbado y sientes que pese a ello, el cuerpo te pesa. Una extraña sensación te recorre el cuerpo, de irrealidad, no sabes si estás despierto o dormido. Quizás es un sueño. No, no lo es. Sabes que no lo es. Todo se oscurece. Apenas eres capaz de distinguir lo que te rodea.
Empiezas a ver tu cuerpo allí tumbado, tienes la sensación de no estar dentro de él, esa sensación de irrealidad, te asusta, te aterra. Te ves fuera de tu cuerpo. Los temblores hacen que golpees el suelo con violencia, sientes vas a partirte los dientes, aprietas la mandíbula. Miedo, tienes miedo, mucho miedo. Vas a morir. Sientes que el brazo izquierdo no está. La pierna izquierda tampoco. Tienes medio cuerpo paralizado. Sientes que no puedes moverlo. Tratas de hacerlo y no aciertas a distinguir si lo haces o no. Te pellizcas y no sientes nada, o quizás sí, no lo sabes. Parpadeas y percibes que tu parpado izquierdo no se mueve. Lo haces con más fuerza. Sigue sin moverse. Tratas de mover la boca, sentir que todo está bien. No lo sabes. Tienes la cara parcialmente paralizada. Tratas de levantarte y, no sabes cómo, llegas hasta el baño, te miras al espejo y eres incapaz de verte, todos está nublado, borroso, solo quieres comprobar que no está tu cara paralizada, pero no puedes. Sudas, tiemblas, te tocas la cara para ver si has perdido sensibilidad, no lo sabes.
Tu corazón sigue golpeándote, quiere salir, quiere escapar. El cuello te pesa, los brazos también. Un dolor en el vientre te encoge, no puedes moverte, es un pinchazo que te paraliza, que no te permite pestañear, gritas. Vas a morir, lo sabes, La cabeza te empieza a latir, parece que el corazón está dentro de ella, una punzada te atraviesa la cabeza de lado a lado, el estómago sigue doliendo, sudas, tiemblas y el corazón todavía no ha escapado, pero sigue queriendo hacerlo. Un zumbido hace que te tengas que tapar los oídos, da igual, sigue ahí, está dentro de ti. No puedes moverte, estás paralizado, vas a morir. Son los últimos momentos, estas a punto de morir, no puedes hacer nada para evitarlo. Es el momento. Es el adiós. Te desplomas.
Si lo has padecido alguna vez, sabes bien de lo que hablo. Es un "ataque de pánico". Dicen los pisquiatras que es la sensación más cercana a la muerte que puede experimentar un ser humano. Muchos jóvenes padecen ansiedad. Jóvenes estresados. Jóvenes con miedo al fracasar. Jóvenes llenos de necesidades irreales. Responsabilidades absurdas. Jóvenes con un ritmo frenético que no entiende de pausas ni de atardeceres. La sociedad nos exige triunfar. Miedo a salir de casa. Los jóvenes quieren ser siempre niños. Vivir con sus padres. Miedo también a ser padres. Miedo a la muerte, miedo a la vida. Miedo a tener miedo. Jóvenes que vomitan por miedo a vivir, anoréxicas, bulímicas a las que se les exige ser “la chica del anuncio”.
Algo le pasa a este mundo cuando tanta ansiedad llena los pulmones de miles de jóvenes.
Lunares.
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