Desde su ventana

Desde su ventana
Marcia, 3 años, desde su ventana en Trinidad [Cuba]

martes, 11 de enero de 2011

Otro mundo es posible

Llegaste hace bien poco, hace nada abrías tus ojillos e iluminabas nuestro mundo con tu dulce mirada de algodón. Recién nacido, recién llegado, pero tan sabio. Yo ya soy tu aprendiz. Sé que no te recibe el mundo en su mejor momento, pero tampoco sabría decirte cuál fue mejor. Verás, deja que te cuente algo…
Los hombres cometimos en el pasado muchos errores, tantos, que “no podrías contarlos con todos dedos de las manos”. Pero lo importante de los errores no es cometerlos, eso es inevitable y nos ayuda a crecer, tú los cometerás como los cometí yo, lo importante es la capacidad que tenemos para aprender de ellos y no repetirlos. Aun así, lo hacemos a veces. Muchas, la verdad. Los repetimos una y otra vez, pero nunca jamás podemos perder la esperanza de no volver a caer en ellos.
Y eso, hijo mío, es lo que me hace estar hoy convencido que el mundo está cambiando y que lo que tú te encuentras es mejor que lo que yo me encontré a finales del siglo pasado, que los dirigentes han aprendido y no van a repetir nuestros errores. Son muchos años de errores amontonados y ahora, con este nuevo siglo que no ha hecho más que comenzar, el mundo está cambiando y no los repetiremos. Fíjate, solo llevamos 11 años y sin duda yo ya he visto cambios, pequeños, cierto es, pero cambios al fin y al cabo. Nuestros líderes no aceptarán en este siglo la muerte absurda de cientos, miles, millones de personas, en guerras en las que no hay ni vencedores ni vencidos, porque el único bando que gana siempre es la propia guerra. Aquellos hombres del pasado unidos para la destrucción han quedado atrás, hombres armados de odio que fueron en busca de nuevas conquistas donde saciar su sed de poder y destrucción ya no tienen cabida en nuestro mundo. Pensemos en positivo. 

La muerte germinó en los campos y en las ciudades hasta que el asesinato se convirtió en lo que movía al hombre. Ahora eso ha cambiado. Adiós a los campos de batalla. Las guerras no son como eran. Ahora los conflictos se solucionarán en los despachos, sin muertes absurdas, sin destrucción, sin dolor. Atrás hemos dejado ya a hombres hambrientos de mal y hombres hambrientos de pan que se confundían entre sí en la batalla, que se mataban sin descanso. Y al final, entre cadáveres, se imponía siempre la paz, pero la paz póstuma, la paz que llega tras la guerra vencedora. Y en la tierra donde cien mil hombres se mataron por dos banderas, sólo ganó la guerra. Y en las aguas donde doscientos mil hombres se mataron por dos patrias, solo ganó la guerra. Y en los cielos en los que trescientos mil hombres se mataron por dos escudos, solo ganó la guerra.  Siempre ganó la guerra, nunca el hombre.

La lección la hemos aprendido bien, es cierto y tú lo debes saber, no lo olvides jamás, nos ha costado mucha sangre, pero debemos pensar en el futuro y ser optimistas, las reglas del juego no son las que eran, una nueva partida acaba de comenzar y ahora la destrucción, la muerte y el odio no son una opción. Si algo tiene la modernidad es esto, es la paz, el diálogo y la alianza de los pueblos son las que moverán el mundo, son las nuevas normas y nada ni nadie podrán cambiarlo.
Las guerras del pasado nos han permitido crear, con esfuerzo y abnegación,  un sistema de seguridad de los pueblos. Nos ha costado mucho, tantos como aquellos que se quedaron en el camino, pero tiene que servir para algo tanto dolor. Ahora disponemos de instituciones supranacionales nuevas y modernas que impiden que los estados puedan tomar decisiones en contra de otros, que se ocupan de mantener la paz  entre los pueblos y la seguridad internacional, que permiten fomentar entre las naciones relaciones de amistad y de igual a igual, basadas en los derechos humanos. Y cuando surjan problemas carácter económico, social, cultural o humanitario entre los pueblos, estas instituciones se encargarán de solucionarlos. ¿Sabes lo importante que es eso, hijo mío? Todos los países seremos iguales y arreglaremos nuestras controversias por medios pacíficos y sin poner en peligro ni la paz y la justicia, nadie recurrirá a la amenaza o al uso de la fuerza contra cualquier otro Estado.
Hijo mío,  el tiempo de las bombas ha terminado, la destrucción masiva de los hombres es cosa del pasado. ¿No es maravilloso? No hay nada que temer. El miedo nos paraliza. Huyamos de ese miedo, estamos a salvo. Los días de las grandes guerras han terminado. Bienvenido a la modernidad,  al momento de la razón, la negociación, las relaciones humanas, la concordia, la coherencia, y la política. Créeme, hijo mío, llevamos ya 11 años de este siglo y se abre una etapa de luz, paz y prosperidad. Créeme, hijo mío estamos en 1911 y tenemos todo el siglo XX por delante…

Lunares*

lunes, 10 de enero de 2011

Un día cualquiera

A mis abuelos, Mercedes y Félix.
Os recuerdo
cuando todo era verano
y la vida
era un viaje en un land rover.

Os recuerdo
cuando todo fue otoño
y viajábamos desde el borde
de la cama.

Y siempre recordaré...
escucharos respirar.

Doña Mercedes se despertó muy temprano aquella mañana. Miró al lado derecho de su cama y le extraño no verle. “Habrá salido temprano a trabajar la tierra, ¡qué raro! siempre le siento al levantarse”, pensó. Se aseó, peinó su largo pelo azabache y eligió su vestido más elegante, el color perla con lunares negros. Se puso los zapatos negros de tacón, los que le regalaron sus hijas, sus preferidos. Buscó su bolso más coqueto, ese pequeñito color marfil. Se miró al espejo y se vio espléndida. Salió al patio, regó los geranios. Le extrañó que en esa época del año no hubieran florecido aun. Ella los cuidaba con mimo cada día y creyó recordar perfectamente que el día anterior lucían magníficos. Fue a dar de comer a sus 6 gatitos, pero no los encontró. Dejó la comida en el lugar de siempre, junto a la chimenea. Le extrañó no verlos, pero era temprano, “perezosos, aun durmiendo” susurró entre dientes convencida que, como todas las noches de frío, dormían en la parte trasera del patio, en los huecos que dejaba la leña apilada por su marido y preparada ya para el siguiente invierno.
Salió a la calle. Hacía frío para ser primavera, “debí coger la chaqueta”, se dijo.  Le extrañó ver la casa de su vecina, Doña Benita, tan cerrada y más aun a unos jóvenes trabajando en la fachada de la casa de Don Cipriano y Doña Leo. Don Cipriano era albañil, había construido la casa en la que vivía Doña Mercedes y su marido, Don Félix, a cambio de que éste se encargase de la labranza de sus tierras. Le pareció rarísimo ver a aquellos dos jóvenes allí, se acercó a ellos, les preguntó por su vecino, pero no pudo entenderles. Hablaban un idioma que ella no acertaba a comprender.
Como cada mañana, la primera parada la haría en la panadería de Don Nicolás. Le encantaba el olor que salía de allí, el pueblo entero olía a pan recién horneado.  Como hacía siempre, camino de la panadería, fue dando los buenos días a todo aquel que se cruzaba en su camino. Ella se detenía a charlar, aunque todos parecían demasiado ocupados para fijarse en ella y dedicarle unos segundos. No entendía por qué hoy no hacían lo de cada mañana. Aquellas charlas tempranas eran la vida del pueblo. Al acercarse a la panadería no percibió el aroma de siempre. Cuando entró, no estaba Don Nicolás, era la primera vez en toda su vida que Don Nicolás no estaba allí para, según entraba Doña Mercedes por la puerta, darle lo de siempre, una hogaza y una pistola poco tostadita.
-   Buenos días señora.
-   Buenos días, joven. ¿Está Don Nicolás enfermo?
-   Mmmm no… bueno… en realidad... verá... ¿qué desea?, le dijo el joven.
-   Lo de siempre, una hogaza y una pistola poco tostadita, joven. Don Nicolás lo guarda ahí, en el último estante, con todos los encargos.
-    Disculpe señora, no hacemos pan de hogaza. ¿Quiere chapata o bastón?
-    No, no gracias, joven. Me llevo solo la pistola poco tostadita. Abrió su monedero y sacó un viejo y doblado billete de 100 pesetas.
El joven no supo qué decir, se quedó mirándola fijamente, era tan dulce, tan angelical, era como una niña... Abrió la caja y le dio el cambio, una moneda de 50 y otra de 10 céntimos, de euro, por supuesto.
-   Aquí tiene señora, muchas gracias y que tenga un buen día.
-   Gracias joven. Espero que esté mañana Don Nicolás porque mi esposo solo come el pan de hogaza que él prepara.
Doña Mercedes salió de la panadería feliz, con su pistola poco tostadita bajo el brazo y camino de la carnicería de Doña Encarnita, contenta, alegra y saludando a todos sus vecinos. Disfrutaba de su paseo, como cada mañana, como si su vida no hubiera retrocedido 50 años en solo 2 meses, como si su camisón fuera un elegante vestido color perla con lunares, como si el pequeño neceser que llevaba en la mano fuese aquel elegante bolso color marfil, como si sus viejas zapatillas negras de estar por casa fuesen los zapatos negros que sus hijas le regalaron, sus preferidos, como si su corto pelo blanco fuera aquella larga melena azabache que enamoró a su marido 60 años atrás, como si realmente …  supiera donde estaba.
Lunares*

viernes, 7 de enero de 2011

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Suena el despertador, como cada mañana, te diriges aun dormido a la cocina y te sirves un café solo doble sin azúcar. Lo necesitas para comenzar el día. Otra dura semana de trabajo por delante. Enciendes la radio, "Señores, señoras, me alegro, buenos días. Es Lunes, 3 de marzo de 2008, la cifra de paro sigue aumentando y se acerca imparable a los 3 millones". Así comienza Herrera… Bueno, normal, piensas, la cosa no marcha bien y esto es inevitable. Meses después, tu padre te dice que a su amigo Manuel le han despedido. ¡Vaya, qué raro! piensas. Tenía un buen puesto en esa multinacional y siempre fue muy trabajador. Puede que sea por la edad. La gente joven sale más barata, le dices. Unos meses después es tu amigo Jorge, gerente en la consultora más conocida del país y que trabaja de sol a sol, el que te llama para ver si le echas una mano. Extraño. Quizás la coyuntura económica hace que las empresas reduzcan costes variables prescindiendo de servicios como los de consultoría, piensas. Al poco tiempo, en linked-in son cada vez más tus contactos que están “En busca de nuevas oportunidades profesionales”. Después es tu mejor amigo... tu cuñado... tu  hermano... pero tú, ni te planteas la posibilidad de que te ocurra a ti.
Un viernes a última hora, casi cuando empezabas a recoger, te llaman de RR.HH.  Es urgente te dicen. Golpeas la puerta, y una señorita a la que jamás habías visto allí, sale a recibirte:
- ¿David?
- Sí, soy yo, buenas tardes.
- Pasa por favor y toma asiento. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?
- Preocupado, la verdad.
- Entiendo. Verás, David, lamento mucho comunicarte que la empresa se ve en la necesidad objetiva de amortizar su puesto de trabajo, al amparo del artículo 52 C y  51.1º del Estatuto de los Trabajadores. Las causas que obligan a dicha decisión se basan en la situación económica de la empresa, que como bien conoces,  ha venido sufriendo un deterioro progresivo según se desprende de las cifras que constan en los balances y cuentas de resultados debidamente depositadas en el Registro Mercantil, y en las previsiones contables para el ejercicio 2.011. Las medidas adoptadas hasta la fecha, tales como disminución y control en el gasto, préstamos de los socios sin interés así como las correspondientes ampliaciones de capital no han logrado equilibrar los resultados ni garantizar la viabilidad de la empresa, pues las previsiones actuales para el año 2011 siguen siendo negativas, conduciendo a un sobreendeudamiento de la misma que hacen imposible su viabilidad por lo que se ha decidido el cierre de la empresa una vez liquidado su activo.
Por todo ello, te comunico que cesarás en tus funciones en la prestación de sus servicios a partir las 14H de hoy, se te pagarán los 15 días siguientes, así como una indemnización correspondiente a los 20 días de salario por año de antigüedad (al amparo nuevamente del artículo 52C debido a que se procede al despido por causas económicas según constan en el balance). Te recuerdo que, como se indica en tu contrato de trabajo, el año de beca, los dos años en prácticas y el periodo de pruebas previo a la firma de tu contrato fijo, no computan para el cálculo de la indemnización, con un límite de 12 mensualidades, de las cuales la empresa le abonará a la fecha de cese la cantidad correspondiente al 60%  por no disponer de liquidez a la fecha de esta comunicación, pudiendo solicitar el restante 40% al FONDO DE GARANTIA SALARIAL, de conformidad con lo dispuesto en el art. 33.8 del Estatuto de los Trabajadores.
¿Tienes alguna duda?
- Sí, ¿cuál es tu nombre?
- Marta Jiménez
- Encantado Marta. Que tengas un buen fin de semana tú también.

Sales del despacho. Lo acabas de entender. Esto es la crisis. Ahora comprendes verdaderamente el significado de lo que vienes escuchando estos últimos años. Empresas, grandes, pequeñas, constructoras, de servicios, hasta las empresas fantasma... todas quiebran. Los tentáculos de la crisis llegan a casi todos los rincones, han llegado al tuyo, a ese al que jamás pensaste que llegarían. Hoy, viernes 10 de Enero de 2011, te ha llegado la crisis. Ahora sí estamos en crisis. Te ha llegado, como a todos.
Bueno, a casi todos, porque siempre hay algunos que ni se enteran. Siempre los mismos. ¿Altos precios de las materias primas? ¿Sobrevalorización de los productos? ¿Incremento del coste de la energía? ¿Elevada inflación? ¿Recesión? ¿Crisis crediticia? Fernando Javier Bolaños de la Riva, economista, 42 años, separado y con 4 hijos, no se ha enterado de nada. Nada de esto le influye.  Nada de lo que lee en los periódicos le quita el sueño. Sigue con el mismo dinero de siempre en el bolsillo. Vive completamente ajeno a los vaivenes del mercado, a la crisis. Para Fernando, la crisis ni ha llegado ni llegará. Cómo es posible que alguien no pueda verse afectado por lo que está pasando a nuestro alrededor. Cómo hace para que no haya cambiado en nada su vida. Para seguir haciendo las mismas cosas, comiendo en los mismos lugares, viviendo en el mismo barrio, el de Salamanca, vistiendo la misma ropa, bebiendo las mismas añadas de vino.  España se quiebra y él sigue absolutamente ajeno a todo. Le da  exactamente igual lo que esté pasando. A él la crisis no le afecta. ¡Qué fácil es Sr. Bolaños no verse afectado por la crisis! Claro,  desde donde usted está no se ve la crisis. Yo, ahora sí sé lo que es la crisis.  Ahora que durante los próximos dos años tendré que vivir de los 900€ que me quedarán de paro, yo sí sé lo que es la crisis de verdad. Muy fácil es, Sr. Bolaños, ver la vida desde el Banco Santander en la calle Jorge Juan. Ahí no se nota la crisis, no se siente nada. Se está calentito, ¿verdad?, esa puerta de cristal no deja entrar el frío ni la crisis. Duerme bien… ¿a que sí? Sin importarle lo que pase ahí fuera y viendo como día a día la gente entra al cajero a sacar billetes más pequeños. Qué fácil es mirar la vida desde allí, Sr. Bolaños. Rodeado de billetes de 500.

Cada vez que al Sr. Bolaños le preguntan sobre cómo le ha afectado la crisis, responde lo mismo... "¿Crisis? ¿Qué crisis?" Toma un sorbo de vino, recoge sus cartones, el carrito de la compra con  toda su vida dentro y se marcha a buscar otro cajero automático por el barrio, el de Salamanca, su barrio.

España se tambalea. El Sr. Bolaños, también.

Lunares*

miércoles, 5 de enero de 2011

Cada vez que cometo un error.


Cada vez que cometo un error, me viene a la cabeza el mismo recuerdo; la mano de mi padre. Grande, enorme. Intento, como hacía entonces, hacer desaparecer la cabeza entre los hombros y me siento muy pequeño, como me sentía de niño tumbado en mi cama llorando cuando él llegaba. Cada vez que cometo un error, recuerdo su mano. La recuerdo acercándose a mí. Nada la detenía. Gigante, inmensa.  Una y otra vez la recuerdo. No puedo quitarme esa imagen de la cabeza.  Cada vez que cometo un error, su mano aparece y recuerdo ese momento, el instante en que le veía entrar por la puerta, con la mano levantada, sabía que aquello era el principio del final de mi error. Recuerdo su mano, que me daba, que me daba una y otra vez. Daba igual que el error fuese grande o pequeño. Eso no le importaba. La mano siempre estaba allí. Siempre. Un día tras otro. Esa mano jamás desaparecerá de mi memoria, esa mano que él me daba incondicionalmente para que la cogiese y decirme… "Venga, hijo, que no pasa nada".
Esa mano que tantas veces me diste, papá, la que me ayudó a caminar, la que me sigues dando cada día, es la que hoy le doy a tus nietos.

Lunares*

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El 948.


Para Alberto, Sergio y Daniel.

Txabier es fuerte. O al menos aparenta serlo. Todo le va bien. O al menos, eso parece. Pero por dentro grita desesperado. Está cansado. El pasado le acecha. Los recuerdos le persiguen. Sufre los aromas de lo que dejó por el camino. Siempre fue el encargado de resolver problemas. Siempre estuvo ahí para ayudar. Para echar una mano. Para dar un consejo. Para ser el hombro sobre el que llorar. Siempre fue el que investigó nuevos horizontes, el que encontró el sentido más racional de las cosas, la puerta correcta que abrir. El camino que tomar.
Tiene prisa por llegar, es tarde. Desea empezar su jornada laboral. Comenzará a las 8.45 en el centro de Madrid. Será breve. Sólo tiene un pequeño encargo que hacer a primera hora y si todo va bien, llegará a comer a casa, en Ugaldetxo, a pocos kilómetros de su San Sebastián natal. Allí le esperan su esposa y los pequeños, Iñaki y Maitena. Hoy es su aniversario, llevan 5 años casados y lo celebrarán en familia. Comerán en el porche, todos juntos, y verán cómo pasa la tarde en el llano y la tierra se va vistiendo de tonos ocres y dorados, con mantos de espigas de trigo que se mecen al son de la fría brisa de este invierno. Nada perturbará el sosegado paisaje. Nada.

Se casaron tras 10 años de noviazgo, toda una vida juntos, ella es la mujer de su vida. La única. Ahora debe cuidar de ella, está embarazada de su tercer hijo, 8 meses ya, se llamará Txabi, como su padre y nacerá a principios de año. Se conocieron en el colegio, pertenecían a la misma pandilla de amigos, pero nunca hablaban. Su timidez le impedía acercarse a ella. Le daba pánico dirigirse a una chica tan guapa. Pasaron dos años hasta que él decidió hacerlo. ¿O fue al revés? Bueno, qué importa ya. Estaban hechos el uno para el otro. Los dos lo deseaban. Juntos crecieron, rieron, lloraron y ahora… ahora disfrutaban de la familia que siempre soñaron. Él, en su primera cita, le dijo: “te casarás conmigo y te llevaré a París”. Se casaron, pero tienen pendiente París. Todavía no han encontrado el momento.
Le tiemblan las manos. El cuerpo le pesa. Está cansado y el día apenas comenzó. Los recuerdos le acechan. Se le vienen a la mente imágenes con tan solo 3 añitos tocando el viejo piano de madera de casa de sus abuelos y se pregunta por qué en vez de usar sus pequeñas manos para tocar el piano, las ocupa del modo que lo hace. Se consuela pensando que es su trabajo, el sustento de su familia y además, su padre y abuelo estarían orgullosos de él. Dice que irá a terapia, pero sabe que no lo hará. Lleva años diciéndolo. El coche avanza lento pero seguro, firme y decidido. A veces no sabe por qué se dedica a esto. Duda de si lo hace por dinero o por convicción. A veces, incluso, le remuerde la conciencia y se siente miserable. Pero otras, las más, se siente bien, grande, fuerte e importante.
Camino de su cita está nervioso. Es lunes. Se le antoja un cigarrillo. Nunca ha fumado. Se ríe repentinamente por ese deseo absurdo de encender un cigarro cuando sus labios nunca lo han probado. Es una risa nerviosa. Por más que lo haga mil veces, los nervios nunca desaparecen. Duda. Se pregunta si ella estará bien. Coge el teléfono y llama, pero enseguida cuelga. No. No debe de molestarla.
No puede llegar tarde. La cita es ineludible. Hoy es el día que lleva meses esperando. Este trabajo es así y él lo sabe. Todo el esfuerzo de los últimos meses se podría venir al traste en dos segundos. Sabe que no puede fallar. Todos esperan mucho de él. Todos.
Hoy es uno de esos días en que se le anuda el mundo al cuello, en que el alma le da vueltas. Que duro es saber que los sueños ya son fracasos. Para qué diablos existe hoy, si esta mañana al salir de casa, ya sabía que el mundo no tenía sentido alguno. 
Necesita abrazarla y besar su piel. Mirarse en sus ojos y saber que está vivo, y sentir que además le encanta. Llenar sus pulmones respirándola, limpiar su mente con las notas musicales de su voz. Se siente vacío e inútil, torpe y triste cuando no está con ella. El único sentido de sus días es ella, absolutamente ella, infinitamente ella.
Recuerda el sonido del viento en la pequeña aldea donde viven. Se le vienen a la mente las noches, frescas y silenciosas en las que ambos contemplan el horizonte y sienten que el mundo se detiene bajo sus pies. Sólo los sonidos de algunos animales en su corretear por la maleza alteran la quietud del páramo de silencio y paz. La planicie del paisaje en Ugaldetxo se rompe con grandes cárcavas que alojan un denso pinar nacido de los arroyos que bajan hasta el pueblo. Ellos, a media tarde se sientan en el porche para observar los últimos rayos de sol filtrarse entre las alargadas copas de los pinos. Allí tomarán "un vino" hasta que el sueño se apodere de ellos. Le gusta su vida, en verano las puertas no cierran hasta tarde y tras la cena se forman corrillos de vecinos que se reúnen para tomar el fresco con sus sillas de madera. En ciertos momentos, el silencio aparece entre los reunidos y durante unos segundos, se escuchará el rumor de las conversaciones ajenas. Es tan maravillosa la paz que se respira allí.
Son las 8.41 y ha llegado a su destino. Txabier espera dentro del coche. Serán sólo 4 minutos. Javier es siempre puntual. No se retrasará, lo sabe. A las 8.45 le verá aparecer por la puerta del viejo portal del número 42 de la calle de la Palma, en el centro de Madrid, es una calle pequeña, pero suficientemente amplia como para que el compañero de Txabier le espere en doble fila. No se han dirigido la palabra. Ni siquiera cuando se encontraron a primera hora de la mañana. Los dos saben lo que tienen que hacer. No necesitan hablar. Cada uno tiene su parte del trabajo. No son un equipo, si cada uno hace su labor, todo saldrá bien. A Txabier nunca le gustó Ekaitz, pero sabe que uno no elige con quien trabaja. Le ha dicho muchas veces a su jefe que detesta trabajar con Ekaitz, las mismas que su jefe le ha dicho que se limite a hacer bien su trabajo, que los equipos los hace él.
Cada mañana que Txabier despierta en Ugaldetxo da gracias a su Dios. A primera hora él recoge agua fresca en el pilón como hacía su abuelo, camino a casa el tiempo se parará porque cada esquina le traerá un recuerdo, en cada bar buscará a su padre, que todo le enseñó. No ha dejado de buscarle. Nunca le olvidó. Desde pequeño siempre le admiró, todo lo aprendió de él, gracias a él se entregó a sus pasiones, a su lucha. Camino a casa, siempre se detiene en la antigua bodega de Don Antón, lee la prensa, habla con sus vecinos, saluda a los ancianos, se preocupa por ellos. A esa hora la calma es total en el pueblo. El aire huele a una maravillosa mezcla de tierra mojada y pino. En el pueblo los relojes se ralentizan, los días son largos. Ama esa calma.
Son las 8.45 de un lunes cualquiera de este frío invierno en Madrid. Javier sale, como cada mañana, de casa para dejar primero a su pequeña Maite, de 2 añitos recién cumplidos, en la guardería para después llevar a Iñigo al colegio. Iñigo tiene 5 años y, desde que nació su hermana, se convirtió en el mayor de la casa. Se parece tanto a su padre. Javier lleva a Maite en brazos mientras que Íñigo va de su mano. Como cada mañana, antes de salir de casa, su padre le había dicho, “Iñigo, mi amor, tu eres el mayor, así que pase lo que pase, no te sueltes de mi mano”.
Llueve en Madrid. No ha parado de hacerlo en toda la noche. Javier apenas alcanza a sujetar el paraguas con el brazo en el que lleva a la pequeña. No quiere que se moje, cogerá frío y su esposa, antes de salir de casa le dijo que tuviese cuidado con la lluvia, “que ya sabes que luego la niña se enfría, Javi”. “Sí mi amor, contestó él, no te preocupes princesa. Te llamo para comer juntos. Te quiero, gordi”. Es su aniversario. Llevan 5 años casados y toda la vida juntos. Se casaron después de 10 años de noviazgo. Son felices. Se quieren, se aman, se respetan. Ella está embarazada de 8 meses. Será su tercer hijo, un niño, se llamará Javi, como su padre. A principios de año, si todo va bien, estará con ellos. Se conocieron en el colegio, pese a tener amigos comunes, dejaron pasar dos largos años hasta que hablaron por primera vez. Se amaban en silencio. Los dos eran muy tímidos, todavía hoy, no se ponen de acuerdo en quien dio el primer paso. Qué importa. Los dos lo deseaban. Cuando nazca el pequeño Javi, irán a Paris, lo tienen pendiente desde el primer día en el que él le dijo: “te casarás conmigo y te llevaré a París”. Javier sabe que pronto encontrarán el momento, su momento.
Javier se detiene unos segundos nada más salir del portal, mira a ambos lados de la calle, no recuerda donde aparcó anoche, salió tarde del despacho y llegó cansado. Están siendo días duros en la oficina, pero sabe que todo pasará y que el esfuerzo merecerá la pena. Quedan pocos días de campaña y hay que hacer el último esfuerzo, él lo sabe.
De pronto, recuerda donde aparcó el coche, a escasos 20 metros, comienza a caminar, “Iñigo, mi amor, tu eres el mayor, así que pase lo que pase, no te sueltes de mi mano”, le repite. “Sí papá, te quiero mucho” contesta él.
Txabier sale del coche y antes de que Javier haya recorrido escasos cinco metros, por la espalda y sin mediar palabra le resquebraja un tiro en la nuca. Javier cae, muerto, sobre el mojado suelo de Madrid. Txabier mira a Iñigo, impasible junto a su padre, le recuerda tanto a su hijo mayor, Iñaki, esa mirada, sus ojos, la boca... incluso tienen el mismo lunar en la mejilla izquierda. Son tan parecidos que Txabier se estremece por momentos. Iñigo está aterrado, no puede moverse, arrodillado junto a su padre pero sin soltarle la mano.
Txabier se acerca a Javier y, pese a la evidencia de su estado, le dispara nuevamente en la frente mientras susurra algo entre dientes. Mira nuevamente al niño, durante unos interminables 5 segundos, se de media vuelta y se va. Iñigo sigue agarrado a la mano de su padre, arrodillado y sin articular palabra, él le dijo que no se soltase, pasase lo que pasase. Siempre fue un niño muy obediente. Permanecerá junto a su padre, siempre, pase lo que pase.
Txabier se monta en el coche que Ekaitz ha mantenido en marcha este tiempo. Se pierden entre las calles de Madrid. Su jornada laboral ha terminado. Se dirigen a casa. En unas horas estarán en la aldea. Tiene ganas de verla. Abrazarla. Sentirla. Hoy es su aniversario, quiere pasarlo con su mujer y los niños. Es un padrazo, dicen todos en el pueblo. Le gusta su familia. Disfruta con sus hijos. Juega, ríe, baila con ellos. Cree que no puede haber nada más bonito en el mundo que la sonrisa de un niño a sus padres. Durante el viaje de vuelta recordará muchas veces la cara de ese chaval, el dolor tratará de atravesar su alma, las mismas que justificará su acto. Hoy será un día grande, él lo sabe. Se siente gozoso. En breve se hablará de lo sucedido. 
La esposa de Javier no ha escuchado el disparo, pero sobresaltada por los gritos desgarrados que vienen de la calle, se asoma al pequeño mirador del salón. Desde allí, puede distinguir a Javier en el suelo, sobre un charco de sangre y rodeado de gente.
No acierta a ver a la pequeña Maite. Pero sí a Íñigo, inmóvil y arrodillado, agarrado a la mano de papá…
" Iñigo, mi amor, tu eres el mayor, así que pase lo que pase, no te sueltes de mi mano” recuerda el pequeño.
Txabier será el buen padre, amable, educado, cariñoso, tierno… que siempre ha sido. Verá nacer a su pequeño a comienzos de año y disfrutará de su mirada. Después, llevará a su esposa a Paris y cumplirá la segunda parte de la promesa que un día le hizo.
Txabier enseñará a sus pequeños a qué huele una flor, a distinguir los mil colores del otoño, a disfrutar la playa en invierno, a buscar el mar que cura la herida, a respirar profundo la tierra tras la lluvia, a recordar siempre el sabor del agua pura. Txabier enseñará a sus pequeños que las matemáticas son importantes, pero mucho menos que la poesía, a que se tomen la vida con la máxima seriedad que les permita estar siempre riéndose. A mostrarles la diferencia entre lo importante y a lo que damos importancia, enseñarles a cantar, a reír, a recitar, a bailar, a soñar… a vivir. Txabier enseñará a sus pequeños a  dar siempre amor, no amargura, a mostrar la luz del día a los que la noche no ilumina, a perdonar lo que esperaron que otros os diesen y nunca les dieron, lo que anhelaron y nunca tuvieron. Txabier enseñará a sus pequeños a dar paz, que da igual lo que tengan, mucho o poco, más o menos que los demás, que las cosas adquieren el valor que se les da. Txabier enseñará a sus pequeños a ser responsables y a que no se detengan en grandes decisiones, que el futuro sólo está hecho de pequeños presentes. A vivir en cualquier parte, a no intentar llevar siempre la razón, a caminar para crecer, a que se enamoren cada día de la vida aunque a veces duela, y mucho.  Txabier enseñará a sus pequeños a apreciar las pequeñas cosas de la vida, que son las que nos dan… los grandes momentos de felicidad
A Txabier le queda mucho viaje por recorrer. Tiene toda una vida por delante.
Javier, no podrá ser el buen padre, amable, educado, tierno… que siempre fue. No verá nacer al pequeño Javi, ni podrá ver nunca su mirada y ya nunca podrá cumplir la segunda parte de la promesa que un día hizo a su esposa.
Javier no podrá enseñar a sus pequeños a qué huele una flor, a distinguir los mil colores del otoño, a disfrutar la playa en invierno, a buscar el mar que cura la herida, a respirar profundo la tierra tras la lluvia, a recordar siempre el sabor del agua pura. Javier no podrá enseñar a sus pequeños que las matemáticas son importantes, pero mucho menos que la poesía, a que se tomen la vida con la máxima seriedad que les permita estar siempre riéndose. A mostrarles la diferencia entre lo importante y a lo que damos importancia, enseñarles a cantar, a reír, a recitar, a bailar, a soñar… a vivir. Javier no podrá enseñar a sus pequeños a  dar siempre amor, no amargura, a mostrar la luz del día a los que la noche no ilumina, a perdonar lo que esperaron que otros os diesen y nunca les dieron, lo que anhelaron y nunca tuvieron. Javier no podrá enseñar a sus pequeños a dar paz, que da igual lo que tengan, mucho o poco, más o menos que los demás, que las cosas adquieren el valor que se les da. Javier no podrá enseñar a sus pequeños a ser responsables y a que no se detengan en grandes decisiones, que el futuro sólo está hecho de pequeños presentes. A vivir en cualquier parte, a no intentar llevar siempre la razón, a caminar para crecer, a que se enamoren cada día de la vida aunque a veces duela, y mucho.  Javier no podrá enseñar a sus pequeños a apreciar las pequeñas cosas de la vida, que son las que nos dan… los grandes momentos de felicidad
A Javier, de pronto, se le ha hecho tarde, qué corto se le hizo el viaje.
Minutos después, ETA reivindica el atentado de un concejal del Partido Popular en Madrid y, con Javier, son 948 los asesinados por ETA.
Es lunes, llueve en Madrid.

Lunares*

Epílogo:
Javier, el 948, es un personaje de ficción. Por desgracia, probablemente cuando leas estas líneas, ese número ya tendrá dueño para siempre. Y si no lo tiene aun, lamentablemente lo tendrá. No se llamará Javier, o sí, pero a él también se le habrá hecho corto el viaje y dejará tanto por hacer.
Hoy, 11 de diciembre de 2010, 15 años después del atentado del puente de Vallecas, son 947 los asesinados por ETA, 902 durante la democracia y 45 durante la dictadura.
Este relato está dedicado a Alberto, Sergio y Daniel, hijos de José Ramón I. E.; a su esposa y a todas las víctimas del atentado del puente de Vallecas. José Ramón, fue la víctima 856 de ETA, aquel lunes, tras hacer explosionar un coche-bomba en el madrileño barrio de Vallecas, al paso de una furgoneta de la Armada.
El atentado provocó heridas a 44 personas, 17 de ellas de gravedad, y ocasionó la muerte a 6 trabajadores civiles del “Parque de Automóviles de la Armada”: Manuel Carrasco Almansa, Santiago Esteban Junquer, José Ramón Intriago Esteban, Florentino López del Castillo, Félix Ramos Bailón y Martín Rosa Valera.
Juan Antonio Olarra Guridi y Ainhoa Múgica Goñi fueron detenidos  siete años después en Francia y juzgados en 2007 por la Audiencia Nacional.
Recuerdo a Olarra Guridi y Múgica Goñi sonreir en el juicio. Jamás lo olvidaré. Su risa era más elocuente que cualquiera de las palabras que hubieran podido decir, no dijeron una sola palabra durante el juicio por considerar que «aquel tribunal no tenía legitimidad para juzgar a militantes de ETA», decían. Recuerdo a Santiago, hijo de una de las víctimas en su testimonio mirando a los etarras: «Desde que supe la fecha del juicio he vuelto a revivir todo lo que sucedió ese día: me imagino la furgoneta cargada con todos los compañeros, llena de alegría; imagino a todos ellos hablando sobre sus hijos y cómo toda es paz se vio perturbada. Sobre sus sueños, ilusiones y las navidades que se aproximaban. No sólo mataron a mi padre, mataron a mi mejor amigo, a mi confidente, al motor de la familia. Aquel día entró en mi casa la oscuridad, el silencio, el dolor, la desesperanza. Mi madre calló enferma, nos quedamos solos. Mis hermanas necesitan asistencia psicológica. Mi hermano tuvo que ser ingresado en un hospital psiquiátrico y a día de hoy, 12 años más tarde, continúa ingresado. Sufre esquizofrenia paranoide y constantemente pregunta por qué mataron a papá».
El 30 de octubre de 2007 la Audiencia Nacional condenaba a los etarras Juan Antonio Olarra y Ainhoa Múgica a 2.500 años de cárcel por su participación en el asesinato, en diciembre de 1995, de seis funcionarios civiles de la Armada a su paso junto al puente de Vallecas.
Hoy, 11 de diciembre, siguen en la cárcel.  Y por muchos años.
Lo que no se olvida, no se va.


(*) Lunares es Carlos Orgaz Rufo

lunes, 27 de diciembre de 2010

Mexico, 34... ¿hermanos de sangre?

¿Cuántas veces habéis pensado reunir a vuestros amigos de la infancia? Esos  amigos a los que prometiste ser “amigosparasiempre” y de los que luego la vida te separó casi sin darte cuenta, esos con los que crecisteis, con los que te hiciste "hermano de sangre" pinchandote con una aguja el dedo, dejándolo sangrar, juntándolo con el de tu amigo y desafiando todas las reglas básicas para evitar la transmisión de cualquier tipo de enfermedad venérea. Vamos, que veo yo a mi hijo ahora haciendo eso y le hago una analítica completa!!! En nuestra época no, yo se lo contaba a la Elvirita tan tranquilo!!! “Mamá, me he hecho hermano de sangre con Paco el de La Torre”. Y mi madre decía… Carlitos, comeeeete el pooooollo y calla!!!!!

Bueno, pues si hubieras intentado reunir a todos esos amigos hace unos años ¿Cuánto habrías tardado? ¿A cuántos habrías conseguido juntar? ¿Qué habrías tenido que hacer? Para empezar, mandar una carta a Isabel Gemio para que sus famosos redactores de Sorpresa-Sorpresa buscasen a uno o como mucho dos de tus amigos... (que tíos más grandes los redactores de Sorpresa-Sorpresa ¿verdad? yo nunca entendí por qué no los fichaba la policía para encontrar a los “malos”... los redactores de la Gemio lo encontraban todo!!!) Bueno, pues después de varios meses, si había suerte, te reencontrarías con un par de tus amigos en el plató delante de toda España!!!!!

Pues ahora todo es diferente, para que digan que Facebook no ha cambiado nuestras vidas. Os cuento… resulta que Juan e Inés decidieron hacer eso mismo, es decir, tratar de reunir a los amigos de la infancia. Y ¿cómo hacerlo? Pues con un experimento… crearon un grupo en Facebook, llamado “México 34” que no es más que la dirección de nuestro edificio de la infancia. Agregaron a un par de amigos cada uno que conservaban de la época… y ¡a esperar! Pues en menos de 48 horas juntaron a 47 miembros y creciendo…  4 generaciones unidas en menos de dos días. Nacidos entre los años 70 y 80 y con algo en común… fuimos los niños que crecieron en los años 80 en la calle México, 34 en un barrio de Coslada llamado Valleaguado.
Crecimos en pisos de clase media, la mayor parte de nosotros éramos hijos de empleados de una Compañía Aérea y a todos nos parecía normal que nuestros padres currasen en la misma empresa, saliesen juntos a las 6.30 de la mañana para montarse en un autobús y volviesen a las 15.30 también juntos. Yo siempre pensé que todos los padres de todos los niños trabajaban así…  Nos parecía lo más lógico que nuestros padres trabajasen una semana de mañana, otra de tarde y otra de noche… ahhh y teníamos la manta de IBERIA de cuadros en la parte de atrás del coche, como toda familia española que se precie, ¿a que tú la tenías…? pues nosotros también… pero que en nuestro caso… NO era robada!!!!!
Era un barrio normal, de gente normal, con coches normales, que vivía en casa normales… eso sí, el más pequeño de los pisos allí era 4 veces más grande que nuestra casa actual. Somos la última generación que vivía en pisos con una habitación para cada uno y encima “cuarto de estar”. Y si había que compartir habitación, se compartía, pero el cuarto de estar era sagrado!
Somos esos niños que nacieron en los últimos años de Franco o en los primeros de la democracia!!!!! Somos esos niños que oímos hablar a nuestros abuelos de la guerra civil y a nuestros padres de mayo del 68, de bonitas historias de gendarmes, fascistas y estudiantes con flequillo, de dulces guerrillas urbanas en pantalones de campana, canciones de los Rolling y niñas en minifalda.

Somos la generación que de pequeños vimos el barrio lleno de pintadas de “OTAN NO, BASES FUERA”. No sabíamos lo que era, pero si Felipe y Guerra lo decían… pues coño “OTAAAAAAAAAAAN NOOOOOOOO, BASAAAAAAAAES FUEEEEEEEEEEERA”. Somos los que vimos a Felipe con la chupa de pana, los que conocimos la Alianza Popular de Fraga. Y los mismos que vimos a Felipe quitarse la chupa, ponerse la corbata y decir… va a ser que “OTAN SI”. Ahhh y nuestra memoria histórica comienza con el “se sienten coño”!!!!
Somos los que vimos al Buitre cascarle cuatro chicharros a Dinamarca pero a Eloy fallar un penalti contra Bélgica… por cierto, Jean-Marie Pfaff eres un jodido capullo, siempre me quedé con ganas de decírtelo!!!
Somos la última generación que jugamos las chapas, donde la vuelta ciclista se corría todas las tardes a las 5 en la arena, ni doping, ni operación galgo ni nada… donde “la montaña” eran las escaleras de La Torre, somos los de Julián Gorospe y Vicente Belda… los de el Reynolds y el KAS…  los del capullo de Fignon que ganaba siempre!!!!!  Somos también los de los campeonatos de futbol con garbanzos, porterías de tetrabrik y porteros de tapón de cocacola de dos litros… donde las estrellas eran Parra y Rincón del Betis… (Miguel, siempre me acordaré de ti jugando con el Betís, te fuiste muy pronto de este mundo pero a mi me marcaste para siempre, jamás conocí a nadie tan bueno y con tantas ganas de luchar!!!!)... Gordillo, Gallego y Santillana del Madrid o el cerdo de Migueli del Barsa (joder, el tío era guarro hasta en las chapas!!!! o Lineker!!!!

Somos la generación de la peonza de madera pintada por nosotros… con “retus” de colores, los de la comba, la goma… el rescate!!! Joder, qué rescates nos echábamos en el barrio… todavía recuerdo la esquina donde se ponía la fila… y que era capaz de hacer un placaje a muerte a quien fuera con tal de que no salvase!!!! Sergio Gabino, el del 2ºC, era el más rápido siempre… yo le elegía el primero!!!!! Somos los de bote bote y las canicas... donde no valía caballito pero se podían hacer seguidillas hasta la muerte y si no que se lo digan a David Castander!!!!… somos los de la generación de los partidos de futbol en la arena… los que escuchábamos cantar a Estherlicia, Pili y el resto de chicas aquello de “Tu madre debió ser pastelera porque un bombón así no lo fabrica cualquiera” o  “Carlos, capullo, queremos un hijo tuyo”… si, los cojones!!!!! Vamos, que ni me dejasteis ensayar un poquito lo de hacer los niños!!!!

Somos los niños que aprendieron a jugar al futbol también en el césped… con 1 sauce llorón en mitad de área… con un pino en el centro del campo y con un rosal en la banda.
Pero también somos la primera generación de niños que jugaron a los videojuegos,  los primeros en escuchar el sonido del Spectrum cargando… piiiiiiiiii pipipipi… rrrrrrrrrrrr… pipipi…. piiiiiiiiiiiiiiiiiiii…. ehhh y los primeros en tener un PC de 16 kas... Pedro Vicente era el más grande en eso!!!!

Somos los niños de las “Ribook” del mercadillo… y que las primeras de marca de verdad fueron las J’hayber!!!! Somos los niños que lloramos con la muerte de Chanquete, pero los de verdad, los primeros… no los de la reposición quincuagésimo tercera!!!! Los que crecimos con Brandon Walls como el niño que nuestras madres querían que fuésemos y con  Dylan Makey como el que nosotros queríamos ser!!!!!!!!! Ahhh, y los que no entendíamos por qué Marco buscaba tanto a su madre con lo bien que se estaba sin ella… ni a qué esperaba Pedro para darle el primer morreo a Heidi!!!!

Somos los niños que vieron a Maradona hacer campaña contra la Droga… nos ha jodido, para que se la dejasen toda a él!!!!! Somos los niños que íbamos al Colegio Público Hermanos Machado, el de al lado de casa, porque antes todos los niños íbamos al colegio de al lado de casa… y no como ahora, que los padres nos empeñamos que el niño vaya al “Colegio Santísimo Padre y muy señor mío”.

Cuando nosotros íbamos al cole se podía repetir curso!! Alucinante verdad? Ahora eso sería racista si el que repite es de color (quiero decir de color negro, claro)… xenofobo si es inmigrante, sexista si es una chica, homófobo si es chico… cojones, que se prohíbe repetir y punto!!!!

Somos los que vimos la pugna a muerte entre el Video Beta, el VHS… y el 2.000!!!!! Eso si fue una Guerra Civil y no la que contaba mi abuelo!!!!!!! Era una decisión transcendental a la hora de elegir video… tu padre debía apostar por uno de ellos y tú eras capaz de defender a muerte la elección de tu padre ante todos tus amigos… por cierto, mi padre fue de los que apostó por VHS!!! OE, OE, OE…. Javi, tu padre apostó por el Beta… jajaja así que me tomo la revancha 25 años después!!!!

Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema “el panadero yonqui de Barrio Sésamo”, somos los que entendimos que la homosexualidad era algo normal viendo a Epi y Blas conviviendo felices, donde Epi iba trabajar y Blas hacía las labores del hogar. ¿O era al revés? Porque ¿quién era quién?. Bueno, qué coño, somos los mismos que todavía hoy…  seguimos sin saber quién es Epi y quien Blas! Somos los niños que si veían a dos chicos agarrados del hombro, no pensaban que eran gays sino dos colegasdeputamadre!!!!!
Somos los niños que recordamos a Enrique del Pozo como “Enrique y Ana” y no como un colaborador de Crónicas Marcianas…. Los de Parchis!!! Los niños que entraron en depresión cuando cambiaron Barrio Sésamo por los mundos de Yupi y cuyo primer ídolo sexual fue DYANA… la mala de V… mira que estaba buena la tía. Habéis probado a ver la serie ahora? Jaja no lo hagáis, se os caerá el mito!!!!  Pero también los que vieron a Oliver correr durante tres capítulos seguidos pare meter un gol… joder, que mira que era grande el campo que el pobre lo veía redondo por la curvatura de la tierra!!!!!

Somos los del bocata de chorizo y mortadela tirado por la ventana…. los del la barra de fuet en una mano y el trozo de pan en la otra… pero también los de los primeros bollicaos (que era un sándwich de nocilla pero con cromo!!!!) y los de los triángulos de chocolate de 2m por 2m!!!!!  ¿Colesterol? Eso se lo inventaron más tarde!!!!!

Somos los que sabíamos que estábamos en peligro cuando tu madre te llamaba la tercera vez a voces por la ventana…. ¡!!!! Como a la tercera no subas, te quedas sin bajar esta tarde!!!! Somos los que podíamos llamar a cualquier hora de día al telefonillo y decir “se baja Dieguito Balmaseda?” o que no teníamos que pedir permiso a nuestra madre para ir a casa de nadie. Cuando tu madre te llamaba tres veces por la ventana y no subías, sabía que estarías en casa de Javi en el cuarto o Raul en el quinto!!!!!! Y si no estabas… castigado y punto!!!!
Somos la última generación que veía a su padre poner la baca del seat 131 hasta el culo de maletas para ir de vacaciones, donde los niños íbamos tumbados, sin cinturones o en el maletero… sillita para el coche??? Eso es una mariconada decía mi padre!!!!! En mi casa las mesas no estaban protegidas, los enchufes tampoco… uno sabía que no podía meter los dedos si no querías que se te quedasen los pelos como Julia Otero en el 3x4!!!!!!! Las medicinas estaban a nuestra altura y la lejía al alcance de la mano… coño, que éramos niños, no gilipollas!!!! La lejía está mala que de cojones!!!! Así que se la iba a beber su padre…
Somos los niños que teníamos una bici Orbea… y con ruedines un par de semanas… luego, a correr!! Casco para la bici??? Amos no jodas!!!!!! Coderas??? Rodilleras??? Estamos locos???? Y si te veían tus colegas qué!!!!

Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Somos la generación que vio volar cientos de zapatillas por encima de sus cabezas y a los que su madre decía “no me pongas la mano cuando te pego”… tócate los huevos, encima había que dejarse!!!!! Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños… recuerdo que a mí me la abrió Rodrigo el del primero…  y se curó con mercromina roja y unos puntos y al día siguiente todos contentos. Luis Manzano le clavó un dardo a mi hermano en la cabeza y no pasó nada… cosas de niños decían nuestros padres!!!!!
Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila colgada de un solo hombro… y no con ruedas… somos los de las patatas con caldo de berenjena… en la González… que te podías pasar 10 minutos para gastarte 25 pesetas en chuches y la mujer no se enfadaba!!! Los flases de 25 pelas eran los mejores y les teníamos que poner el dedo para que Emilio Arranz no mordiese más de la cuenta!!!!! Ahhh y somos los que nos tomábamos los primeros cubatas mezclando fanta con cocacola en los cumpleaños de Raúl Lama.

Nos pasábamos el día en la calle… somos la única generación a las que unos padres que no tenían ni idea de inglés les decían que teníamos que estudiarlo porque era el futuro!!!! Y que cuando les preguntabas por qué ellos habían estudiado francés la respuesta era… hijo, eran otros tiempos!!! Nos ha jodido, y si vuelven a cambiar y en el futuro lo que se habla es Alemán… vamos, que somos la generación cuyo profe de inglés era de Móstoles!!!! Ahora los profes de inglés se llaman Miss Madelanie!!!!

Somos los niños que nos dimos el primer beso jugando a verdad, atrevimiento  o
beso!!!! Joder, siempre me tocaba la fea en el beso!!!!! Claro, que lo mismo pensaría ella!!!!!
Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. Sabias que se rifaba una ostia si vacilabas a un mayor. No había nada para ir contra eso. Sabías que si te metías con uno que tuviese hermano mayor estabas jodido. En clase no había Rumanos, ni Marroquís, ni Peruanos… en toda clase había siempre un gitano. El mío se llamaba Mariano. Y era el único que podía no hacer los deberes, al que nunca preguntaban en clase, que no llevaba chándal… joder, que yo de mayor quería ser gitano!!!!!
Somos la generación a la que jodía ser el último en ser elegido cuando se echaba a dedos… yo siempre me pillaba a Richard al futbol que jugaba de defensa y que o pasaba la bola o pasaba el contrario… pero los dos juntos, nunca!!! Somos los que jugamos al beisbol con raquetas de tenis (ahí el mejor era Jorge el del quinto)… que teníamos un jardinero de Carabanchel!!! De los de antes. Don Aurelio se llamaba… y al que traíamos locos con “aquí no llega la manga riega…”. Somos la  generación a la que no le extrañaba que en los cromos, un futbolista como San José tuviese más pinta de cantante de los chichos o traficante de farlopa que de futbolista y no de estrella de cine como ahora!!!!

Somos la generación del Risk, del Misterio y del Cobra!!!! Os acordáis del Cobra??? Qué grande era ese juego!!! Éramos los que a las 4 de la tarde jugábamos campeonatos de juegos de mesa debajo de las terrazas de primero y que cuando en el Risk conquistabas el “Labrador”, del salto que pegabas te abrías la crisma… pero que no pasaba nada… picaba un poco y ya!!! Somos aquellos que cuando tu madre se olvidaba las llaves dentro de casa, no llamaba al cerrajero, sino que César el del 8ºA que ya tenía 12 años… pasaba de una terraza de la cocina de los vecinos… a modo de hombre araña… y todos mirábamos desde abajo!!!!!
Somos la última generación que vio como en las casas se robaban televisiones de tubo… aprovechando que las madres iban a por los niños al cole!!!!! Somos los niños que no vimos ONO, ni Digital Plus… somos los del Video Comunitario!!!!!! Donde la estrella era Bruce Lee, bueno, era el único!!!!

Somos los niños que veían la previa de partido de Plus los domingos esperando que se les olvidase cortar la señal… a los cabrones nunca se les olvidaba!!!! Te dejaban 5 segundos… y cuando ya pensabas que se les había olvidado!!!! Zaaaaaaas. A tomar por culo, las rayitas!!!! Somos también los que aprendimos que con un folio en blanco en la pantalla y un poco de imaginación se podía ver la porno de los viernes…
Somos los de las ligas de Tenerife…  los del síndrome Dertycia… el calvo los cojones del Tenerife!!!! Y los que vimos como Buyo sufría un ataque epiléptico al tener a Futre cerca… vimos a Michel tocarle los cojones a Valderrama!!!!!  Qué grande era el futbol los domingos a las 5 de la tarde!!!!

Ey, y lo más importante… somos los niños de Camela en los coches de choque de la feria!!!!! Qué grandes los Camela!!!!!

Somos la generación que creció en los 80 en México 34 y yo, 25 años después, estoy orgulloso de todo lo allí vivido!!!!

Gracias Juan e Inés por vuestro experimento.

Si eres uno de esos niños de México, 34… ¿nos hacemos hermanos de sangre?

Lunares.

martes, 21 de diciembre de 2010

Ataque de...

Los pulmones se quedan pequeños y el corazón te golpea el pecho. Algo no va bien.  Algo terrible va a suceder. No sabes lo que es, pero algo va a ocurrir y no puedes evitarlo. Nada puedes hacer para remediarlo. Los pulmones se hacen más pequeños, más y más. El corazón, más grande, más y más. No controlas tu cuerpo. No controlas tu mente. Sientes cada latido, cada bombeo de sangre, escuchas tu respiración. Tratas de llenar tus pulmones de aire, pero no puedes. Lo intentas de nuevo, con más intensidad y es peor, es imposible. Algo te impide tomar aire. El corazón se acelera cada vez más. Necesitas aire, sientes que si lo intentas nuevamente y no puedes, morirás. Ahora lo sabes. No podrás aguantar así mucho tiempo. Minutos, segundos quizás. Los intentos de respiración profundos dan paso a respiraciones cortas continuas, cada vez más, necesitas aire, oxigeno. No puedes respirar. No sabes por qué, pero no puedes. Lo intentas nuevamente. Imposible. Cada vez las respiraciones son más continuas, pero sigues sin conseguir llenar tus pulmones. Sientes tus latidos, cada vez más fuertes, más intensos. El corazón se te va a salir del pecho.

Vas a morir, ahora estás seguro. Sientes que en uno de esos golpes, el corazón te partirá el pecho, te saldrá por la boca. Tus manos tiemblan, empiezas a sudar. No dejas de hacerlo. Los temblores son cada vez mayores. El corazón sigue golpeándote el pecho. Tratas de coger aire. Te estás empezando a marear, sientes como tu cuello es incapaz de sujetar la cabeza, que se vence. Un zumbido en los oídos te retumba. El corazón golpea, quiere salir. Tiemblas, sudas. Tratas de llegar a la cocina para beber agua. Sientes que si no bebes agua, morirás. Lo necesitas. Tu boca está seca, no puedes tragar. Tratas de hablar. No puedes. Te tambaleas. Antes de poder llevarte el vaso a la boca, se te cae y se rompe, el sonido se mete en tu cabeza como si se hubiese roto dentro de ella. Un pinchazo te recorre la cabeza de lado a lado. Sudas, sientes ganas de llorar, de gritar y de correr al mismo tiempo. Pero no puedes hacer ninguna de ellas.

Tiemblas, más y más, las piernas son incapaces de mantener el peso de tu cuerpo, no puedes respirar. Vas a morir. Ahora ya no hay duda. No sabes lo que te está ocurriendo, sólo que vas a morir. Estás solo. Tratas de ir al teléfono para pedir ayuda, pero no puedes, estás mareado, necesitas tumbarte, vas a caer, vas a desmayarte. Te tumbas en el suelo. Tiemblas, te chasquean los dientes, tus puños se han cerrado y tus muñecas están bloqueadas. Tus uñas se clavan en la palma de tu mano. Escuchas el chasquido de tus dientes. Vas a morir, no sabes lo que es, no sabes lo que te está pasando, pero sabes que vas a morir. Estás solo. Perderás el sentido en breve, son los últimos momentos y, de repente eso que siempre te habían dicho que sucedía instantes antes de morir, te ocurre. Ves imágenes de toda tu vida. Pasan muy rápidas. Una tras otra. No se detienen. No hay duda ya, son tus últimos instantes y estás solo. Una debilidad extrema se apodera de ti, estás tumbado y sientes que pese a ello, el cuerpo te pesa. Una extraña sensación te recorre el cuerpo, de irrealidad, no sabes si estás despierto o dormido. Quizás es un sueño. No, no lo es. Sabes que no lo es. Todo se oscurece. Apenas eres capaz de distinguir lo que te rodea.

Empiezas a ver tu cuerpo allí tumbado, tienes la sensación de no estar dentro de él, esa sensación de irrealidad, te asusta, te aterra. Te ves fuera de tu cuerpo. Los temblores hacen que golpees el suelo con violencia, sientes vas a partirte los dientes, aprietas la mandíbula. Miedo, tienes miedo, mucho miedo. Vas a morir. Sientes que el brazo izquierdo no está. La pierna izquierda tampoco. Tienes medio cuerpo paralizado. Sientes que no puedes moverlo. Tratas de hacerlo y no aciertas a distinguir si lo haces o no. Te pellizcas y no sientes nada, o quizás sí, no lo sabes. Parpadeas y percibes que tu parpado izquierdo no se mueve. Lo haces con más fuerza. Sigue sin moverse. Tratas de  mover la boca, sentir que todo está bien. No lo sabes. Tienes la cara parcialmente paralizada. Tratas de levantarte y, no sabes cómo, llegas hasta el baño, te miras al espejo y eres incapaz de verte, todos está nublado, borroso, solo quieres comprobar que no está tu cara paralizada, pero no puedes. Sudas, tiemblas, te tocas la cara para ver si has perdido sensibilidad, no lo sabes.

Tu corazón sigue golpeándote, quiere salir, quiere escapar. El cuello te pesa, los brazos también. Un dolor en el vientre te encoge, no puedes moverte, es un pinchazo que te paraliza, que no te permite pestañear, gritas. Vas a morir, lo sabes, La cabeza te empieza a latir, parece que el corazón está dentro de ella, una punzada te atraviesa la cabeza de lado a lado, el estómago sigue doliendo, sudas, tiemblas y el corazón todavía no ha escapado, pero sigue queriendo hacerlo. Un zumbido hace que te tengas que tapar los oídos, da igual, sigue ahí, está dentro de ti. No puedes moverte, estás paralizado, vas a morir. Son los últimos momentos, estas a punto de morir, no puedes hacer nada para evitarlo. Es el momento. Es el adiós. Te desplomas.
Si lo has padecido alguna vez, sabes bien de lo que hablo. Es un "ataque de pánico". Dicen los pisquiatras que es la sensación más cercana a la muerte que puede experimentar un ser humano. Muchos jóvenes padecen ansiedad. Jóvenes estresados. Jóvenes con miedo al fracasar. Jóvenes llenos de necesidades irreales. Responsabilidades absurdas. Jóvenes con un ritmo frenético que no entiende de pausas ni de atardeceres. La sociedad nos exige triunfar. Miedo a salir de casa. Los jóvenes quieren ser siempre niños. Vivir con sus padres. Miedo también a ser padres. Miedo a la muerte, miedo a la vida. Miedo a tener miedo. Jóvenes que vomitan por miedo a vivir, anoréxicas, bulímicas a las que se les exige ser “la chica del anuncio”.
Algo le pasa a este mundo cuando tanta ansiedad llena los pulmones de miles de jóvenes.

Lunares.