Desde su ventana

Desde su ventana
Marcia, 3 años, desde su ventana en Trinidad [Cuba]

miércoles, 5 de enero de 2011

Cada vez que cometo un error.


Cada vez que cometo un error, me viene a la cabeza el mismo recuerdo; la mano de mi padre. Grande, enorme. Intento, como hacía entonces, hacer desaparecer la cabeza entre los hombros y me siento muy pequeño, como me sentía de niño tumbado en mi cama llorando cuando él llegaba. Cada vez que cometo un error, recuerdo su mano. La recuerdo acercándose a mí. Nada la detenía. Gigante, inmensa.  Una y otra vez la recuerdo. No puedo quitarme esa imagen de la cabeza.  Cada vez que cometo un error, su mano aparece y recuerdo ese momento, el instante en que le veía entrar por la puerta, con la mano levantada, sabía que aquello era el principio del final de mi error. Recuerdo su mano, que me daba, que me daba una y otra vez. Daba igual que el error fuese grande o pequeño. Eso no le importaba. La mano siempre estaba allí. Siempre. Un día tras otro. Esa mano jamás desaparecerá de mi memoria, esa mano que él me daba incondicionalmente para que la cogiese y decirme… "Venga, hijo, que no pasa nada".
Esa mano que tantas veces me diste, papá, la que me ayudó a caminar, la que me sigues dando cada día, es la que hoy le doy a tus nietos.

Lunares*

No hay comentarios:

Publicar un comentario